Despedida Diocesana Cartagena

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Del 30 de noviembre de 2005 al 30 de noviembre de 2012. Así de cuadrada ha venido la cosa… Han pasado 7 años justos, desde que, con aquella abrumadora unanimidad, me encargasteis este servicio que hoy termino.

El tiempo se hace largo o corto, en función de los acontecimientos que se viven y en cómo se viven…

Yo, los he vivido y los vivo ¡A tope…! Para bien o para mal, tengo sobredosis de pasión.

Nadie es inofensivo. Todas dejamos huellas a nuestro paso; yo también; algo vamos cambiando… Este tiempo ha sido para mí, un proceso de enriquecimiento y de crecimiento.

Las «fiebres», que las ha habido, también han hecho su parte; han sido necesarias.

Si no eres demasiado «sumisa y obediente», como es mi caso, hay que contar, también, con que vas generando algunas antipatías…

¡El dichoso «conflicto» que ha de estar presente en la vida del cristiano, como lo estuvo en la vida de Jesús…!

Así que, lo primero que deseo es ¡Pedir perdón…! Por todos los errores cometidos; por todas las veces que, colectiva o individualmente, os he defraudado. Pedir perdón, sobre todo, a todas las que hoy, sí romperían aquella unanimidad de hace 7 años.

Pero tengo mucho, muchísimo que agradecer… Enumero:

A Dios, el primero, por buscarme y encontrarme; por empeñarse en mí…

A mi familia; a mis padres ¡tan mayores ya…! A mi marido, voluntario consorte, que tanto me ayuda con mis entuertos informáticos. A mis hijos… La generosidad de todos ellos ha hecho posible mi disponibilidad y han consentido en incorporar la A.I.C. a la vida de todos.

A todas las que me precedieron y llevaron la Asociación, dónde yo la encontré. Dios, San Vicente y ellas son las responsables de que la A.I.C. me enamorara.

A muchos Padres Paúles e Hijas de la Caridad que me han ayudado y me ayudan, respetando y ensanchando mi libertad; que me corrigen con cariño y alientan mi fidelidad al carisma.

A todas las compañeras de la A.I.C., en su amplitud internacional. Todas han contribuido a darme una visión «panorámica» de la Asociación. Son las responsables de acabar con la «miopía» de creer que lo más importante era el pequeño mundo de mi grupito.

Particularmente, agradezco a todo el grupo de «La Esperanza», que se fiaran de Dios y de San Vicente. Todas ellas, por su fe y su entusiasmo, son las responsables de que yo mantenga mi esperanza de que crecer es posible. Todas ellas son «el nacimiento AIC» que Dios me regaló en esta etapa.

A todas y todos los que ya no están con nosotras y que desde el cielo, estoy segura, siguen cuidando y protegiendo aquello que tanto amaron y nos enseñaron. Su testimonio de pertenencia y fidelidad es un ejemplo inolvidable para mí.

A todas las que me habéis acompañado ¡tan de cerca…! Este tiempo…

Tan de cerca que, en muchos momentos, habéis evitado que me fuera al «suelo». Doy gracias a Dios por vosotras, las que estáis aquí hoy y alguna que falta, especialmente a Loli Cárceles que, sabemos atraviesa por momentos muy tristes. Doy gracias a Dios por haberos puesto en mi vida. Quiero ser capaz de ser para la que me suceda, lo que vosotras habéis sido para mí.

Y, por último, quiero destacar y agradecer el trabajo de «segundona» importantísima que, durante muchos años, antes de mí y después, conmigo, ha realizado Macu. Quiero destacar su cariño por la A.I.C.; su responsabilidad incansable; su sentido de pertenencia; su disponibilidad y, sobre todo, su honestidad para expresarse en las duras y en las maduras… Por ser directa y por venir siempre de frente, muchísimas gracias, Macu.

Sin ti a mi lado, me habría equivocado mucho más.

Estos días, poniendo ante el Señor, la valoración de esta etapa de mi vida, se agolpaba todo, sin orden ni concierto; sin cronología…. Así, salieron estos flashes que iluminan los mejores momentos de estos 7 años y que os dedico a todas. Quieren ser un impulso entusiasta y motivador para la compañera que hoy asuma este servicio.

NOTA: insertar video http://aicesp.org/images/stories/videos/desp-dioc-cart-2012.mp4

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