XXIX Encuentro Regional Gijón 2015

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La Delegación de Gijón celebró los días 24 y 25 del pasado mes de octubre el Encuentro Regional en Villaobispo de las Regueras (León). También celebramos los 100 años de AIC en España de una forma muy especial que ya os lo diremos más adelante.

Comenzó el Encuentro el 24 a las 10,30 de la mañana con la recepción de los participantes y la entrega del material. En la Delegación tenemos 15 grupos de los que asistieron 14, con un total de 64 participantes, contando también a las Hermanas asesoras de los grupos.

A las once de la mañana, y en el salón, comenzamos el Encuentro con una invocación al Espíritu Santo, pidiéndole ayuda, para esta jornada. Con el fin de mejorar nuestro servicio a los necesitados y para que nos conociéramos mejor y tuviéramos una convivencia de amor las unas con las otras.

A continuación, nos dan la bienvenida la diocesana de León, por acogernos en su Diócesis; el Padre Antonio Villar, C. M., Consiliario Regional, Sor Carmen Fernández, Hermana Delegada Regional y Marisa Díaz, Delegada Regional. Todos ellos coinciden en el agradecimiento a los participantes en el Encuentro, pues todos sabemos que tuvieron que dejar familias y que algunos grupos tienen unas distancia considerable de viaje, pero eso no fue ningún impedimento para que hoy estemos aquí. Nos animaron a no decaer ante las trabas que podamos encontrar en el camino como Voluntariado Vicenciano.

A continuación, Marisa leyó el saludo de la Presidenta Nacional, Rosa María Cenalmor, que, entre otras cosas, nos decía que sentía no poder acompañarnos físicamente, pero que nos acompañaba con su oración. Nos recordaba que, convocado por el Papa el Año de la Misericordia, estamos llamados a revelar en nuestras vidas a Jesús sencillo, pobre, misericordioso y auténtico, pero sobre todo alegre y esperanzador. Se despedía así: «De verdad, deseo que cada vez estéis más enamoradas de vuestra vocación como Voluntarias Vicencianas. Seamos un signo más de generosidad y disponibilidad al estilo de nuestro fundador San Vicente de Paúl.

También la Visitadora de las Hijas de la Caridad, Sor Margarita, quiso acompañarnos y nos dirigió unas palabras. Nos dijo que teníamos que mirar el futuro con esperanza, que el servicio al pobre siempre estará ahí, pues, por el egoísmo de las personas siempre tendremos pobres. Nos decía que tenemos un verbo que dice mucho. Estamos en AIC, somos AIC. No importa tanto lo que hacemos, sino cómo lo hacemos, debemos ayudar a cada pobre individualmente en todo aquello que él necesite, sobre todo dignificando al necesitado. Tenemos que tener la ambición de cambiar la vida de los pobres, no seremos capaces de cambiar la vida de todos ellos, pero las vidas que cambiemos, que lo hagamos bien.

A continuación, nuestra Hermana Delegada, Sor Carmen Fernández, hizo un acercamiento vicenciano a las propuestas del Documento «Iglesia servidora de los pobres», de la Conferencia Episcopal Española. Fue relacionando las ocho propuestas de los Obispos con la doctrina vicenciana, que nos sirvió de gran ayuda para la reflexión y profundización del Encuentro. Veamos algunas ideas:

  • Referente a la primera propuesta: Promover una actitud de continua renovación y conversión. Dejó claro que necesitamos una renovación, pues la sociedad evoluciona y precisamos adaptarnos continuamente. Surgen nuevas pobrezas con nuevas necesidades. No son los mismos pobres que antaño. Hoy tienen otras necesidades y otra psicología. De poco les sirven unos kilos de legumbre, si les han cortado la luz y no tienen donde cocinarlas. El copago farmacéutico deja sin tratamiento a muchas personas…
  • Estamos especialmente llamados a una conversión, a una identificación con los sentimientos de Cristo. Así podremos mirar a los pobres con sus ojos, escuchar con sus oídos, sentir con su corazón… y cuanto más logremos esto, más encendido será nuestro amor a los pobres. Así Cristo nos llevará a los pobres y los pobres nos ayudarán a encontrarnos con Cristo.
  • No basta con preguntarnos qué hago por ellos, cuánto tiempo les dedico, sino también, cómo los acojo, cómo los atiendo, cómo los escucho, en qué tono les hablo… ¿Me pregunto con frecuencia qué haría Jesucristo en mi lugar? Seguro que si nos miramos en el espejo de Cristo, veremos que necesitamos conversión.

La 2ª propuesta nos invita a cultivar una sólida espriritualidad que dé consistencia y sentido a nuestro compromiso social. La Hermana nos clarificó cuál es la espiritualidad propia que tenemos que cultivar:

San Vicente ha sido muy explícito: Imitar a Jesucristo: «Adorador del Padre, evangelizador de los pobres y servidor de su designio de amor». Y éste con el sello propio de la familia vicenciana: en humildad, sencillez y caridad. Esta es la espiritualidad que tiene que cultivar toda voluntaria vicenciana que se precie de ello: evangelizar a los pobres a través de la caridad, sirviéndolos con humildad, sencillez y caridad. Nada más y nada menos.

Pero, nos advirtió: cuidado, la formación ha de ser continua. Si alguien dice yo ya tengo formación porque se sepa esto de memoria, porque lo haya oído muchas veces, está en un grave error. No es lo mismo saber definir la humildad que ser humilde. El ser humilde, sencillo y caritativo es tarea de toda la vida.

En cuanto a la 3ª propuesta: apoyarse en la fuerza transformadora de la evangelización. Resaltó cómo los problemas sociales tienen su origen en la falta de fraternidad entre los hombres y los pueblos, en la falta de valores humanos y cristianos de nuestra sociedad. Y la evangelización, por su parte, tiene una clara implicación social. Dicho con palabras de San Vicente, debemos servir al pobre con un amor afectivo y efectivo; servicio corporal y espiritual. Evangelizar siempre con nuestro servicio a los pobres, con el testimonio de nuestra vida y con la palabra explícita siempre que nos sea posible. Para ello tenemos que estar convencidos, tenemos que estar llenos de Dios hasta rebosar. Pues, nadie da lo que no tiene. Evangelizar es un deber de todo cristiano, San Pablo decía: «¡Ay de mí si no evangelizare!». Lo mismo hemos de hacer nosotros, evangelizar con ocasión y sin ella; otros recogerán.

Referente a la 4ª propuesta: profundizar en la dimensión evangelizadora de la caridad y de la acción social, destacó: no siempre podemos promover grandes obras sociales; pero siempre podemos escuchar, acompañar, acoger, orientar, tratar de comprender… Tenemos que ser para los pobres la sonrisa de Dios. Que ellos descubran a través de nuestros gestos que Dios los ama. Que Dios es Padre. Que se sientan hijos.

Tenemos el peligro de hacernos tiranos. Nosotros somos los que damos, administramos, tenemos, podemos, sabemos… Ellos, carecen de todo esto. Tenemos que tener cuidado con las expresiones ásperas, con las indagaciones innecesarias, con los prejuicios y juicios apresurados, con nuestra superioridad y autosuficiencia. Ciertamente, es un alcohólico, un desarraigado, no tiene remedio… Pero, es hijo de Dios, es nuestro hermano, es de nuestra familia… Merece todo nuestro respeto. Decía San Vicente: está sucio, huele mal, es hosco, malhablado, pero «dale vuelta a la medalla y encontraréis al mismo Jesucristo». Nos puso el ejemplo de aquella Hermana que había curado con infinita ternura a un paciente totalmente incrédulo. Nunca le pudo hablar de Dios ni de Jesucristo. Cuando le dieron de alta, este hombre le dijo: «Hermana, usted no me habló de Dios, pero hizo mucho más: me lo hizo ver«.

Sabemos que más que predicadores, el mundo de hoy necesita testigos. De nada sirven las palabras que no sean una explicación de los hechos concretos, del testimonio de vida que las precede.

San Lucas escribe de Jesús que empezó a hacer y predicar (Hch 1, 1). Primero «hacer», luego «predicar»; es decir, explicar el sentido de sus acciones. Hoy día el mundo está harto de palabras, de discursos bonitos y de buenas intenciones. Ya nadie cree en las palabras. Si el anuncio del evangelio no está precedido de signos claros de amor verdadero, de caridad concreta y de testimonio de que el mismo Cristo está actuando en nosotros, nadie va a creer en lo que anunciamos.

Así fue desgranando las demás propuestas de los Obispos españoles. Nos dejó claro que el eliminar las causas estructurales de la pobreza es una tarea que nos desborda; pero sí que podemos contribuir en tener unas actitudes más austeras. Nos puso un ejemplo: «Cuando el gorrión hace su nido en el bosque, no ocupa más que una rama. Cuando el ciervo apaga su sed en el río, no bebe más que lo que le cabe en la panza. Nosotros acumulamos cosas porque tenemos el corazón vacío» (Anthony de Mello, «La oración de la rana).

Nos animó, sobre todo, a fortalecer la animación comunitaria: «El amor necesita una organización, para un servicio bien ordenado» (Benedicto XVI, «Deus Caritas est», nº 20). Esto mismo dijo e hizo San Vicente de Paúl hace ya cuatro siglos. Pensemos en Châtillon-les-Dombes y en las primeras Cofradías de la Caridad. Así pues, para el ejercicio del amor, a la espontaneidad personal ha de añadirse la programación, la previsión, la colaboración con otras instituciones, con otros grupos.

Todos estamos embarcados en la misma nave, la Iglesia, y todos estamos llamados a dar testimonio de la misericordia de Dios. Es necesario que la comunidad cristiana ejerza la caridad y toda ella se vea implicada en el servicio a los pobres.

Sabemos por propia experiencia que el servicio de caridad produce cansancio, fatiga; que somos frágiles, que necesitamos cuidado y acompañamiento. Debemos ayudarnos mutuamente para pode seguir en la brecha con alegría y entusiasmo. Debemos aprovechar los medios de que disponemos para fortalecernos: las reuniones de grupo, los encuentros de formación y festivos, las asambleas y sobre todo la oración y el amor de las compañeras de grupo de unas con otras, Todos debemos ayudarnos para más saber, para mejor hacer, para poder crecer en formación y espiritualidad. Además, todos somos diferentes, poseemos caracteres, cualidades, posibilidades, capacidades bien distintas, aprovechemos estas diferencias, como riqueza para el grupo, para la Asociación y así haremos fecundo el amor del Padre.

Sobre este tema nos hizo unas preguntas que se trabajaron por grupos y se expusieron en la puesta en común.

A partir de este momento fue cuando comenzamos a celebrar los 100 años de A.I.C. en España.

Ya casi al final del día, hicimos una celebración en la que todos los grupos participaron. Como símbolo, unas cadenas representaban a las voluntarias que ya nos dejaron por que están con el Padre (las mallas en blanco), las que estamos actualmente sirviendo a los pobres (de distintos colores, tantos como grupos de la Región) y las del futuro (en verde), porque nuestra tarea es lanzarnos hacia el futuro con audacia para que la cadena no se rompa. Resultó una oración muy emotiva.

Después, todos a cenar, ahí ya comenzaron las sorpresas. Tarta con el logo de la Asociación y como podéis comprender, a nadie le amarga un dulce. Pero el plato fuerte estaba por llegar, en el salón tuvimos una velada, y cuando todos estaban expectantes qué sería eso que ponía el programa de una visita especial, se hicieron presentes, Santa Luisa y San Vicente, (el P. Juan Velasco, Director de las Hijas de la Caridad y Sor Mª Paz) quienes con su experiencia y espíritu vicenciano nos interpelaron sobre nuestro hacer y ser hoy. Interpretaron de maravilla lo que nos dirían hoy a nosotras los Fundadores, cómo nos verían, qué esperarían y qué nos dirían de cómo lo estamos haciendo. Fue una catequesis que a todos los presentes nos entusiasmó.

El domingo 25 asistimos a la Eucaristía en la Basílica de San Isidoro de León. La presidió nuestro Consiliario Regional, P. Antonio Villar, en la homilía, entre otras muchas cosas, nos dijo que el mundo está mal, no por el mal del mundo, sino por los que ven pasar el mal y no hacen nada para remediarlo. También nos preguntaba con qué personaje nos identificamos nosotras con Bartimeo o con los que dicen no molestes, déjame vivir o seguimos a Jesús como hizo Bartimeo.

Después todas a casa, con las pilas bien cargadas, para que todo lo allí vivido lo pongamos en práctica con amor, servicio, generosidad…, tanto entre nuestras compañeras como con todos los necesitados que acuden diariamente a pedirnos ayuda, tanto material como de acompañamiento.

Marisa Díaz
Delegada Regional

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