Me cuentan que fue una voluntaria entregada, de las que te reconcilian con el mensaje original de San Vicente: «No consiste todo en distribuir la sopa y el pan (…) Tu, siempre sonriente y de buen humor. Ellos son tus amos, amos terriblemente susceptibles y exigentes (…). Sólo por tu amor, por tu amor únicamente, te perdonarán los pobres el pan que tu les das».
Dicen que fue ejemplo sin pretenderlo para muchas voluntarias, estando siempre disponible para el servicio y para cualquier persona necesitada, ofreciendo en ocasiones como la viuda pobre del Evangelio aquello que formaba parte de su sustento.
Fue durante muchos años profe de cocina de nuestro Palomar de San Vicente junto con su compañera Carmen, y juntas consiguieron que muchas mujeres sanaran sus alas para poder volar.
Ahora Tere, estamos seguras, vuela directa al cielo, ya en compañía del Padre y nuestra Madre celestial. Desde allí reza por nosotras Tere y envíanos un poco de ese espíritu vicenciano que siempre te caracterizó.