Josefita ya está en la casa del Padre intercediendo por todas nosotras. Fue una voluntaria ejemplar, siempre dispuesta a ayudar a quien lo necesitara, a pesar de sus muchos años nos empujaba a todas para seguir adelante y buscando soluciones. Era una persona atenta, alegre, elegante, con un buen gusto para las manualidades que ponía al servicio de los demás. Era humilde al máximo, nunca daba importancia a los halagos.
Se hacía querer.
Un vivo ejemplo de cómo vivir en el espíritu vicenciano.
La echaremos de menos pero sabemos que esta intercediendo por nosotras ante nuestro Señor.

